Jardín de Aclimatación de La Orotava (2). Recorrido botánico

PLANO CON LAS ESPECIES MÁS DESTACADAS. Los cuatro puntos cardinales confluyen en el Jardín de Aclimatación de La Orotava (JAO). Desde el árbol del pan (Artocarpus altilis), originario de Indonesia y Filipinas, famoso cinematográficamente porque inspiró el motín contra Marlon Brando en Rebelión a bordo, hasta el sicomoro (Ficus sycomorus), que las faraones egipcios ordenaban plantar junto a sus tumbas porque era el símbolo de la muerte. Y desde el timbó (Enterolobium contortisiliquum), que crece en regiones tropicales de América del Sur y es apreciado por su liviana y resistente madera, hasta el árbol del chicle (Manilkara zapota), que ya era cultivado por los antiguos mayas por su savia que se mascaba debido a su sabor dulce.

El JAO, conocido también como Jardín Botánico de Puerto de la Cruz, alberga en definitiva una extraordinaria colección de plantas venidas de los cinco continentes, algunas de ellas únicas o prácticamente únicas en España. Y no es casual. El emplazamiento en pleno valle de La Orotava, paisajes que maravillaron al geógrafo y naturalista Alexander von Humboldt a finales del siglo XVIII, fue escogido bajo el reinado de Carlos III porque no se encontró en toda España un lugar mejor que permitiera el crecimiento de plantas tropicales venidas de los territorios de ultramar. Alonso de Nava y Grimón (1757-1832), marqués de Villanueva del Prado, fue su fundador y gran impulsor.

El clima temperado permite el crecimiento de especies tropicales

El propósito del recinto era cultivar las plantas tropicales en un clima temperado para que se adaptaran y luego poder trasladarlas a los jardines reales de Aranjuez, La Granja o Madrid, donde las heladas invernales y la escasa humedad malograban una y otra vez todos los intentos. Aunque con el tiempo se demostraría que ese objetivo era imposible, fruto de un error de previsión, permitió el nacimiento en 1792 de la gran institución que hoy en día se puede visitar. Pero esa es otra historia.

El Jardín de Aclimatación, adscrito actualmente al Instituto Canario de Investigaciones Agrarias (ICIA), lleva más de 20 años enfrascado en una reforma inacabable cuyos grandes objetivos son potenciar la investigación y la divulgación, así como dar un gran impulso a preservación de la flora autóctona de Canarias. Según recogía la prensa local, en 2020 se llegó a un acuerdo para dar el último empujón a las obras, pero en 2021 aún no se habían inaugurado. La superficie del recinto histórico, unas dos hectáreas, se triplicará e incluirá viveros, invernaderos y centro de documentación e investigación con laboratorios, así como un edificio de recepción con restaurante y un mirador al Teide, entre otros equipamientos.

El jardín histórico -la zona visitable- conserva casi en su totalidad el trazado que tenía en su origen, a finales del siglo XVIII. Se trata de un diseño geométrico con calles perpendiculares y dos avenidas principales que confluyen en un estanque central de forma circular. Hay además otro estanque, consagrado a los nenúfares, al final del recorrido. Como ya sucedía en sus orígenes, la distribución de las plantas no guarda ningún orden geográfico ni taxonómico. El ICIA sostiene en su página web que ello le hace «asemejarse más a la propia naturaleza», pero el caos también dificulta localizar determinados ejemplares.

Varios árboles inolvidables dan la bienvenida en el JAO. Nada más atravesar el dintel de la recepción, a mano derecha, crece un mamey de Santo Domingo (Mammea americana), una especie cuyo hábitat natural son las selvas lluviosas del Caribe y cuyos frutos comestibles pueden llegar a pesar más de un kilo. «¡Cuidado con las cabezas!», indica un cartel colocado junto al tronco. Al ejemplar se le suponen al menos 180 años de vida, por lo que sería uno de los más viejos de todo el jardín. A su lado hay también un soprendente ciprés de los pantanos (Taxodium distichum) cubierto por completo de musgo (Tillandsia usneoides).

La ausencia de un inventario sistemático en los primeros años del jardín y en las tres décadas posteriores a la muerte de Alonso de la Nava, que falleció en 1832, impide también conocer la edad exacta de ejemplares sin duda centenarios, como las dos gruesas tipuanas que se encuentran al final del recorrido, varios palos borrachos, ficus y pinos canarios, así como dos araucarias muy cercanas entre sí, una de las cuales es el árbol más alto de todo el JAO (44 metros).

Varios de los árboles superan los 150 años, pero se desconoce su edad exacta

El árbol más admirado del parque es un enorme Ficus heterophylla var. columnaris que tiene 150 años y que, según cuentan los más viejos del lugar, ha seguido creciendo de manera apreciable en el último medio siglo. Esta subespecie, nativa de la isla de Lord Howe, al este de Australia, se caracteriza por la emisión de numerosas raíces aéreas que van descendiendo hasta el suelo hasta convertirse en auténticas columnas que anclan toda la estructura y evitan que caiga. «Debido a la proliferación y posterior engrosamiento de estas raíces aéreas, el tronco principal es cada vez más difícil de distinguir», explica el JAO en su audioguía. Unos setos de protección impiden que los visitantes se acerquen y se suban a sus raíces aéreas.

En total, el jardín acoge unos 2.500 ejemplares de plantas de unas 1.000 especies diferentes, con una completísima colección de palmeras y de especies canarias. Alfredo Reyes, director del JAO, destaca también el herbario, que incluye 47.000 pliegos con ejemplares de la flora canaria y en general de la región macaronésica.

Además de la flora tropical, el Jardín de Aclimatación tiene una destacada representación de endemismos canarios

Al margen de los esbeltos pinos canarios, en el apartado de la flora autóctona destaca un gran barbujano (Apollonias barbujana) que al parecer fue plantado entre los años 1824 y 1826, cuando el reputado naturalista francés Sabin Berthelot dirigió las plantaciones en el jardín. «Al lado del esplendor de las plantas tropicales, lo más seductor, si cabe, son las numerosas rarezas de la flora canaria cuyos lugares silvestres están con frecuencia aislados e inaccesibles, por lo que la agrupación de esa gran cantidad de flora insular, tan bonita y extraña, es con mucho el mayor atractivo para el botánico», escribía en 1886 el naturalista alemán Hermann Christ.

Por último, como destaca el propio JAO, el recinto alberga numerosas especies de interés económico, como el alcanforero, el café, la papaya, el mango, el canelo, el aguacatero y las palmeras de aceite y del marfil, así como una selección de plátanos silvestres y cultivados. Varias de ellas fueron introducidas en Europa a partir de La Orotava.

El JAO, que registraba antes de la pandemia de covid unos 250.000 visitantes anuales, ha empezado a desprenderse del aroma decadente que tuvo antaño. No obstante, el visitante, ya deslumbrado ante tantos encantos botánicos, se pregunta hasta dónde podría llegar el jardín si disfrutara de una financiación más generosa y de un espacio un poco mayor.

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