El carbayón de Valentín, el patriarca asturiano

UN ROBLE CON MÁS DE SIETE SIGLOS DE VIDA. Los antiguos pueblos celtas veneraban los robles, los señores del bosque atlántico europeo, y era muy habitual que establecieran en sus cercanías los lugares de culto y los centros de reunión. Es evocador imaginar que la tradición surgió porque los druidas y los jefes de los clanes se sentían fascinados por la robustez y longevidad de la especie, aunque la explicación pudiera ser mucho más prosaica y basarse en la evidencia de que antes impactará un rayo sobre un árbol elevado que sobre el tejado de una casa situada justo al lado. Sea como fuere, lo cierto es que la costumbre sobrevivió a la romanización y luego la Iglesia cristiana la hizo suya. Es así como ermitas, capillas y santuarios de zonas rurales se erigieron junto a grandes robles (y también tejos). ¡Primero fue el árbol!

Uno de los ejemplos más hermosos en el norte de España es el carbayón de Valentín, el roble más famoso y posiblemente el más viejo de Asturias, cuya existencia está documentada con anterioridad a la pequeña iglesia que ahora le hace compañía, consagrada a San Pedro. El roble, de la especie Quercus robur, se encuentra junto a la carretera que lleva de Gera a Tejero, a 350 metros de este último pueblo y a unos 15 kilómetros de Tineo, la capital del municipio. Se ve desde la calzada.

Aunque se le llega a citar como milenario, se estima que el carbayón de Valentín tiene más de 700 años, como indica la web oficial de turismo en Asturias. Como mínimo, lo que está confirmado es que supera holgadamente los 500 años porque ya hay documentos anteriores al descubrimiento de América que mencionan su existencia. “Bajo él se han realizado pactos y juramentos”, subrayan los folletos turísticos. En 1995 fue declarado monumento natural de Asturias.

Carbayo o carbayu, que es como son conocidos los robles en Asturias, muy similar al gallego carballo, parece ser una palabra origen prerromano compuesta de caro (“perenne”) y valos (“fuerte”). La otra opción propuesta es que deriva de carbo, un término también prerromano y muy presente en la toponimia, que significaría “monte”. Carbayo sirve para referirse a los dos grandes robles caducifolios dominantes en la cornisa cantábrica: el roble común (Quercus robur) y el menos frecuente roble albar (Quercus petraea).

La zona donde se ubica el árbol, hoy dominada por prados donde pacen las vacas, fue antiguamente un gran robledal que acabó deforestado para la obtención de madera noble con la que construir iglesias, palacios y hórreos. No hay pruebas que lo certifiquen, pero con toda probabilidad el venerable roble se salvó de la tala debido al imponente tamaño que presentaba ya de joven, lo que a su vez le facilitó el acceso al agua y los nutrientes. Una vida solitaria, en definitiva.

Al no tener competencia, tampoco tuvo necesidad de crecer en altura en busca de la luz y se quedó en unos discretos 11 metros, pero su tronco no cesó de expandirse. Cada vez más y más. Su perímetro o cuerda a 1,30 m. es actualmente de 10,28 metros, según mi medición con cinta (julio 2021), por lo que es uno de los cinco robles más gruesos de España.

La copa muestra un aspecto desordenado, irregular, con algunos huecos, pero nada indica que el árbol esté en sus últimos años pues las hojas y los frutos brotan todavía con energía. Su avanzada edad, eso sí, se manifiesta en las raíces enormes que han emergido junto a la base del tronco. Todo el conjunto es de una gran belleza.

Muchas guías turísticas subrayan que el roble se encuentra en el pueblo de Valentín, una aldea de Sobrado, que a su vez es una de las 44 parroquias del concejo o municipio de Tineo. Sin embargo, al lado del árbol no hay más que tres edificaciones antiguas que han sido acondicionadas para turismo rural y la pequeña capilla. No hay ningún núcleo de población. Al parecer, el topónimo surge en el siglo XIV cuando una influyente familia leonesa apellidada Rodríguez Valentín se instala en Tineo y compra las tierras donde medra el carballo para construirse una casa y la pequeña iglesia. Y es aquí, nuevamente, donde las guías vuelven a errar, pues vinculan esta familia a un papa llamado Valentiniano cuya existencia parece fruto de la imaginación. La única referencia que he encontrado sobre un papa de nombre similar es de un tal Valentín o Valentinus, no Valentiniano, que vivió en el siglo IX en Roma y cuyo pontificado fue efímero.

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