Las secuoyas rojas de Cabezón de la Sal

UNA PLANTACIÓN PARA PAPEL QUE NUNCA PROSPERÓ. La mayor masa forestal de secuoya roja en Europa, prácticamente un bosque monoespecífico que se extiende a lo largo de 2,5 hectáreas, se encuentra en un lugar tan inesperado como el Monte Corona de Cabezón de la Sal, un pintoresco municipio situado a unos 40 kilómetros de Santander. Se trata de un conjunto de unos 850 ejemplares plantados entre los años 1942 y 1960 que han alcanzado una altura más que notable -algunos pies se acercan a los 50 metros de altura- gracias a las condiciones de la zona, especialmente a su elevada pluviometría, como bien pudimos comprobar durante nuestra última visita en julio de 2021.

El paraje, incluido en la Red de Espacios Naturales Protegidos de Cantabria desde 2006, es un lugar ideal para dar un paseo tranquilo de unos 50 minutos gracias a una red de senderos muy bien diseñados. La majestuosidad de las secuoyas rojas es impresionante.

La presencia de tantas secuoyas rojas (Sequoia sempervirens), una especie de conífera originaria de las costas de California y muy poco habitual en Europa (no deben confundirse con las más abundantes secuoyas gigantes), es un resultado de la política de autarquía de los años de la posguerra en España. Las secuoyas, que en su hábitat natural llegan a superar los 100 metros de altura, se plantaron experimentalmente para observar si la especie se aclimataba al territorio cántabro y se convertía en un buena opción para abastecer la fábrica de celulosa y papel de Sniace, en la vecina Torrelavega, que echó a andar a principios de los años cuarenta, lo que permitiría reducir la dependencia española de las importaciones de madera.

Con el mismo objetivo, parcelas cercanas fueron repobladas con otras especies foráneas de crecimiento rápido, fundamentalmente eucalipto blanco (Eucalyptus globulus) y pino de Monterrey (Pinus radiata), y más raramente roble rojo americano (Quercus rubra), castaño japonés (Castanea crenata) y abeto de Douglas (Pseudotsuga menziesii). De las plantaciones se encargó un consorcio encabezado por el organismo público Patrimonio Forestal del Estado.

Las secuoyas, cuya madera es muy apreciada por su dureza y color, crecieron desde su inicios a un ritmo extraordinario, superior al metro anual en sus primeros años, pero no lo suficiente como para ilusionar a los responsables de la industria papelera, más interesados en la rentabilidad de los eucaliptos, lo que provocó que la parcela cayera en el olvido, se abandonara en los años 60 y haya logrado conservarse sin talas hasta nuestros días. La papelera Sniace cerró definitivamente en 2020.

El bosque de secuoyas actual es el resultado de una frustrada plantación realizada en la década de 1940 para la fabricación de papel

Los ejemplares supervivientes presentan un aspecto muy similar, con una altura media cercana a los 40 metros, superior a un edificio de 10 pisos, y un grosor del tronco no excesivo (el perímetro oscila entre los dos y los tres metros, aunque observé ejemplares de hasta 3,20 m). Los árboles medran muy próximos en un espacio reducido, una circunstancia que los ha hecho crecer espigados y los ha despojado de prácticamente todas sus ramas inferiores. Tanta vegetación evita que la luz solar apenas llega al suelo, lo que ha generado un ecosistema poco diverso sin apenas sotobosque.

Los robles (o cajigas, como son conocidos en Cantabria), con acompañamiento de hayas, sauces, arces, avellanos, acebos y perales y manzanos silvestres, constituían la vegetación potencial del Monte Corona, pero en el momento de las plantaciones exóticas el territorio ya había sido muy deforestado y estaba dominado por los prados y el matorral.

Curiosamente, debido a la reducción de la presión antrópica, limitada a las pisadas en los senderos habilitados para la visita, la vegetación potencial de la zona se está regenerando de manera natural en las zonas con menor presencia de los gigantes californianos. Se observan hayas jóvenes intentando hacerse un hueco, aunque es un misterio cómo será su futuro cuando adquieran mayores dimensiones.

Especie: Sequoia sempervirens. Conjunto de 850 ejemplares plantados entre 1940 y 1960. La especie es originaria de la costa de California, en Estados Unidos.
Dimensiones de los árboles: altura media de 35-40 metros. Troncos de entre 2 y 3 metros de perímetro a 1,30 m (máximos de 3,20 m).
Localización: paraje de Monte Cabezón, en Monte Corona (Cabezón de Sal, Cantabria).
Accesos y servicios: el bosque de secuoyas se encuentra a unos 2,5 km del núcleo urbano de Cabezón de la Sal, en la carretera (CA-135) que lleva a La Hayuela. Si se accede desde Santander hay que tomar primero la autovía A-67 hacia Torrelavega, continuar por la A-8 en dirección a Oviedo y desviarse por la salida hacia Comillas. Está bien indicado. En las entradas hay dos pequeños aparcamientos. La entrada es gratuita.
Recorrido: El sendero principal dura aproximadamente 40-50 minutos y no entraña la más mínima dificultad. Es apto para todos los públicos. Hay incluso un pequeño tramo con pasarelas adaptado para personas de movilidad reducida. La Oficina de Turismo de Cabezón de la Sal organiza también visitas guiadas (942 700 332). Se ha de evitar pisar las raíces aéreas de los árboles y no arrancar trozos de la corteza.


2 respuestas a “Las secuoyas rojas de Cabezón de la Sal

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