Y Vermont recuperó sus bosques

LA FIEBRE DE LA MADERA DEFORESTÓ EL ESTADO A FINALES DEL SIGLO XIX. Sus inacabables bosques de arces, hayas, abedules, cerezos y álamos, entre otras especies, han convertido el estado de Vermont, situado en el extremo nororiental de Estados Unidos, lindando ya con Canadá, en un importante destino turístico. Vermont tiene una superficie de 24.900 kilómetros cuadrados, similar a la Comunidad Valenciana, de los cuales un 78% están cubiertos por bosques, aunque el porcentaje sobrepasa incluso el 80% en condados como Essex y Caledonia. Existen además medio centenar de áreas naturales protegidas. «Relájate y conéctate con la madre naturaleza», proclama la oficina de promoción turística. Sin embargo, Vermont no siempre ha sido así.

«Los propietarios de tierras en nuestro estado están siguiendo una política ruinosa en el método utilizado para cosechar su madera (…). Debe adoptarse alguna medida para disminuir la destrucción desenfrenada de nuestro bosque», proclamaba con gran preocupación el empresario y político Urban A. Woodbury en su discurso inaugural como gobernador de Vermont, en 1894. Así es. A finales del siglo XIX, tras décadas de talas desenfrenadas, el territorio estaba prácticamente deforestado y se estima que solo quedaba un 20% de los bosques originales, confinados en las zonas altas de las Montañas Verdes o Green Mountains, la cordillera que atraviesa el estado de norte a sur.

Cuando los europeos llegaron a Nueva Inglaterra se encontraron con un ecosistema prácticamente inalterado. En Vermont, el único impacto ocasionado por los indígenas nativos, los abenaki, se limitaba el clareo con fuego de algunas orillas de ríos y lagos. Los armoniosos bosques estaban llenos de gruesos y maduros árboles.

La deforestación europea en Vermont comenzó en los alrededores del lago Champlain y lo hizo fundamentalmente con el objetivo de obtener tierras para agricultura y para pastos con los que alimentar el ganado. Además, a mediados del siglo XIX, alentada por la llegada del ferrocarril, la obtención de madera ya se había convertido en la principal fuente de riqueza del estado. El censo de 1840 muestra que en Vermont había 1.081 aserraderos, destaca el Servicio de Bosques y Parques del estado. Entre 1856 y 1889, la producción de productos derivados de la madera se multiplicó por 20. Los troncos se vendían por todo el país. Burlington, la ciudad más poblada de Vermont, era por aquel entonces el tercer mayor puerto maderero de Estados Unidos.

«La industria de la madera era importante para la economía de Vermont, pero las cosas se habían salido de control. Los aclarados se consideraban la forma más rápida de ganar dinero. Nadie pensaba en el futuro. La replantación y la tala selectiva eran prácticas impensables», escribe el historiador y periodista Mark Bushnell en un artículo sobre la evolución de los bosques del Estado.

El gobernador Woodbury ya advirtió de que la transformación del paisaje era una amenaza que no se podía ignorar. ¿Quién va a visitar Vermont -se preguntaba- si las laderas de las montañas dejan de ser verdes y ya no se pueden cazar los ciervos que viven en ellas? Woodbury predijo que la tala de árboles pronto empobrecería a los habitantes de Vermont. Y así fue.
A finales del siglo XIX, la industria de la madera tocó fondo por exceso de ambición. No se tuvo en cuenta que los bosques maltratados se agotan. Tampoco nadie fue capaz de imaginar la competencia de otros mercados en las nuevas tierras del oeste. Vermont entró en declive y su crecimiento demográfico se detuvo en seco. Además, la deforestación favoreció la erosión y la pérdida de biodiversidad. A principios del siglo XX menudearon los incendios, algo inaudito en un estado con un clima tan lluvioso.

Sin embargo, todo cambió. La evolución posterior de los bosques de Vermont solo puede definirse como un milagro verde. «Nuestros bisabuelos difícilmente reconocerían a lo que nos hemos acostumbrado -destaca en su web el departamento estatal de Bosques y Parques-. En lugar de campos de heno y pastos se encuentran bosques de altos pinos blancos, fresnos blancos, robles rojos y arces de azúcar.

La deforestación a finales del siglo XIX redujo la superficie forestal de Vermont al 20%. Un siglo después, los bosques ocupan el 78% del territorio

Todo empezó en 1904, cuando el gobernador decidió nombrar un Comisionado de Silvicultura para supervisar el nuevo sistema de guardias contra los incendios, por aquel entonces muy habituales. Dos años después, en 1906, se aprobó la creación del primer vivero estatal de árboles, que se ubicaría en el Centennial Field de Burlington. Los propietarios serían recompensados si utilizaban las plántulas procedentes del vivero en sus yermas tierras. La preocupación por los bosques empezó a florecer y no sería exagerado aseverar que se mantiene hasta nuestros días.

«Creo que el estado no podría emprender ningún trabajo ni asumir ningún gasto equivalente que reportase a su pueblo mayores beneficios que una política forestal avanzada llevada a cabo de manera inteligente y progresiva», dijo premonitoriamente el gobernador Fletcher Proctor en su discurso de despedida en 1908. Al año siguiente se nombró el primer técnico forestal de Vermont, Austin Hawes, una figura capital en el cambio de tendencia, y se compró el primer bosque estatal. Le seguirían varias grandes donaciones. La oficina de Hawes empezó a ofrecer asesoramiento a los propietarios. El proceso de reforestación ya estaba encarrilado.

Señalización de senderos en el parque estatal Underhill. Crédito de la foto: Oficina de Turismo de Vermont.

El éxito no fue cuestión de años, sino de décadas. En Vermont, el crecimiento neto de la madera de los árboles ha superado anualmente al de la extracción desde la publicación de su primer inventario, en 1948, aunque es cierto también que a partir de 1980 la masa forestal ha tendido a estancarse. Se ha producido también un ligero cambio en las especies dominantes, especialmente en lo que respecta al omnipresente arce de azúcar o sacarino (Acer saccharinum), que se ha extendido por terrenos que en el siglo XIX estaban cubiertos por coníferas.

Los bosques siguen siendo una parte capital en la economía del estado y suministran el 10% del consumo eléctricos de Vermont, pero ahora son explotados de una manera más sostenible. «Hoy en día, la industria de la madera funciona de manera mucho más consciente y la tala masiva se ha detenido. Los madereros hacen sus talas pensando en el futuro», concluye Mark Bushnell. ¡Vermont es el cuarto estado más boscoso del país!


Bibliografía en internet:
https://glcp.uvm.edu/landscape_new/learn/
Downloads/scrapbooks/forests2.pdf
https://fpr.vermont.gov/forest/vermonts-forests/history-forestry-vermont
https://vtdigger.org/2018/07/15/green-mountains-not-green/
https://sos.vermont.gov/media/0x3jhlhq/woodbury1894.pdf
https://vtstateparks.com/index.html


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