Espacios naturales

Los castaños llegaron antes que los romanos

ESTUDIOS RECIENTES CONFIRMAN QUE LA ESPECIE ES AUTÓCTONA DE LA PENÍNSULA IBÉRICA. Tradicionalmente se ha considerado que los castaños no son autóctonos de España, sino que fueron introducidos en tiempos de los romanos a partir de las poblaciones originarias de Turquía y otros puntos de la cuenca mediterránea oriental. Es evocadora la historia, citada en muchos libros, de que la harina obtenida de sus frutos y la madera de sus troncos habrían servido para abastecer a las tropas colonizadoras. De hecho, junto al Muro de Adriano, en el sur de Escocia, se pueden encontrar restos de castaños en los asentamientos que las legiones romanas construyeron para hacer frente a las belicosas tribus de los pictos.

“Debido a que fueron los romanos quienes desarrollaron los injertos y otras tecnologías de cultivo, durante un tiempo se difundió la idea de que era una especie que fue introducida por este imperio en nuestra geografía”, me comenta por correo electrónico el ingeniero de montes José Valentín Roces Díaz, investigador de la Universidad de Swansea (Reino Unido) y autor de varias modelizaciones sobre el territorio potencial del castaño autóctono.

Sin embargo, estudios realizados en las tres últimas décadas a partir de polen y carbones fosilizados confirman que los castaños estaban presentes en la península Ibérica desde mucho tiempo atrás. El norte de España y quizá también de Portugal habrían sido uno de los pocos refugios europeos, según la terminología empleada por los especialistas, que encontró la especie ante el avance del frío de la última glaciación. En Burgos, Asturias, Lugo, Zamora, Salamanca y Cáceres, entre otras provincias, se han localizado restos polínicos de castaño con una antigüedad muy superior a los 2.000 años. Incluso de 8.000 años. Y no es la única evidencia. “Trabajos basados en la diversidad genética han llegado a conclusiones similares. La elevada diversidad en las poblaciones del norte peninsular parece indicar la presencia de esta especie desde hace miles de años”, añade Roces Díaz.

Los castaños (Castanea sativa) estaban presentes en buena parte de Europa antes del último periodo glacial, pero su territorio se redujo a medida que avanzaba el frío y acabaron recluidos en unos pocos refugios climáticos del sur del continente. Los profesores Marco Conedera y Patrick Krebs, ambos del Instituto Forestal Suizo, han calculado a partir de diversos indicios que hubo cinco enclaves templados desde los cuales los castaños iniciaron la recolonización de otras tierras: uno de gran tamaño entre el Cáucaso y la orilla sur del mar Negro, que hasta hace era poco considerado el único núcleo de expansión de la especie, y varios más pequeños en los alrededores del mar de Mármara, el centro-norte de Italia y el ya citado del norte de la península Ibérica.

“Diferentes zonas del noroeste peninsular y la cornisa cantábrica pudieron actuar de refugio de la especie en la ultima era glaciar, y desde estos refugios se fue expandiendo a medida que las condiciones fueron mejorando”, prosigue Roces Díaz. Estudios recientes confirman, además que las poblaciones del centro de España, entre ellos el famoso castañar de El Tiemblo (Ávila), también pueden tener un origen autóctono, aunque luego la mano del hombre los haya modelado según sus intereses hasta crear bosques prácticamente monoespecíficos. “Aunque originalmente pensamos que los refugios glaciares estarían mas cercanos a zonas de costa, los modelos obtenidos presentaron resultados compatibles con otros territorios más interiores”, añade el investigador en Swansea.

Aunque es evidente que los romanos contribuyeron a la posterior difusión del castaño por la Hispania, tampoco lo hicieron de una manera sistemática. Como han comprobado para toda la cuenca mediterránea los especialistas Conedera y Krebs, “no hay un aumento sustancial de polen de castaño coincidiendo con la llegada de los romanos”. Además, las castañas nunca constituyeron un alimento de importancia agrícola y comercial, sino que las plantaciones se efectuaron fundamentalmente para obtener postes con los que sujetar las vides y construir minas. La implantación de la especie, en definitiva, fue un fenómeno lento y gradual que no se consolidó hasta la Edad Media.

Los romanos no hicieron un uso sistemático
de los frutos y la madera del castaño

Los castaños tampoco gozaron de predicamento en el mundo antiguo y su distribución fue “muy heterogénea”, escriben Conedera y Krebs. Por ejemplo, el filósofo Teofrasto, en el siglo III a. C., en Historia de las plantas, una obra de botánica de referencia en la época, destaca el empleo de su madera, pero descarta sus frutos por “las dificultades digestivas que causa”. Los indicios que ofrecen el arte y la literatura, prosiguen los investigadores suizos, indican que las castañas no formaban parte de la alimentación de la aristocracia romana. De hecho, la antigua región de Insubria, en las cercanías de Milán y Varese (actual Lombardía), parece ser la única en Italia en la que el cultivo de castañas fue una actividad económica importante.

Las cosas cambiaron en la Edad Media, fundamentalmente tras la selección de variedades para la producción de frutos de mejor calidad, muy a menudo bajo el impulso de comunidades monásticas, y en algunas regiones el cultivo del castaño se hizo omnipresente. En las zonas montañosas no aptas para la labranza, las castañas proporcionaron una alternativa viable a los cereales y se convirtieron en un elemento básico de la dieta.

DISTRIBUCIÓN ACTUAL. La especie está actualmente distribuida por toda Europa, con unos 2,25 millones de hectáreas, de las que 1,78 millones se cultivaron principalmente para madera y 0,43 millones para la producción de frutas, según datos citados Krebs y Conedera. Las mayores extensiones se encuentran en Italia, Francia, el sur de Suiza, España, Portugal y Grecia.

Hoy en día, sin embargo, es muy difícil encontrar bosques de castaños primigenios cuya existencia no haya sido favorecida por el hombre. “Gran parte de las poblaciones de castaño están manipuladas mediante injertado para la obtención de madera y/o castañas y son muy escasas las poblaciones silvestres no manejadas”, escribía en 2009 Josefa Fernández-López, jefa del departamento de silvicultura del Centro Forestal de Lourizán (Xunta de Galicia), en Pontevedra, y especialista en genética del castaño.

Bibliografía recomendada en internet:

Patrik Krebs, Marco Conedera et al. Quaternary refugia of the sweet chestnut (Castanea sativa Mill.): An extended palynological approach (2004)
Marco Conedera, Patrik Krebs et al. The cultivation of Castanea sativa (Mill.) in Europe, from its origin to its diffusion on a continental scale (2004)
Patrik Krebs, Marco Conedera et al. Revising the sweet chestnut (Castanea sativa Mill.) refugia history of the last glacial period with extended pollen and macrofossil evidence (2019)
Roces-Díaz, J. V., Jiménez-Alfaro, B., Chytrý, M., Díaz-Varela, E. R., & Álvarez-Álvarez, P. Glacial refugia and mid-Holocene expansion delineate the current distribution of Castanea sativa in Europe. Palaeogeography, palaeoclimatology, palaeoecology, 491, 152-160 (2018)
Marco Conedera et al. Castanea sativa in Europe: distribution, habitat, usage and threats
José Antonio López-Sáez et al. Unraveling the naturalness of sweet chestnut forests (Castanea sativa Mill.) in central Spain (2017)
Montse Parada, Joan Vallès et al. Monografía ‘Castanea sativa’ CSIC

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