Espacios naturales

El castañar de El Tiemblo resiste

VISITA AL BOSQUE ABULENSE. El magnífico castañar de El Tiemblo, situado en el sudeste de la provincia de Ávila, a apenas 90 kilómetros de Madrid, se abarrota de turistas en otoño, cuando el suelo queda tapizado con las hojas caídas y el bosque se tiñe de un hermoso color marrón. Niños y no tan niños compiten afanosos por recoger los frutos caídos, lo que a buen seguro dificulta la regeneración del bosque. En los peores días, como nos explican unos vecinos con los que compartimos ruta, los coches hacen cola para aparcar y no ha habido más remedio que establecer un peaje de entrada.

En cambio, prácticamente no hay nadie durante nuestra visita en una cálida mañana veraniega. Disfrutamos de los árboles con parsimonia, sin agobios, y respiramos en silencio. “Este bosque tiene encantos durante todas las épocas del año -resumen los mismos vecinos-. Incluso es bonito en invierno, sobre todo en los días con nieve”. Todo el terreno está incluido dentro de la reserva natural del Valle de Iruelas (8.000 hectáreas).

El castañar de El Tiemblo se encuentra en la cabecera de la Garganta del Yedra, un pequeño curso de agua que avanza en dirección sur hacia el Alberche, en la cuenca del Tajo. El bosque es conocido especialmente por los castaños que le dan nombre, algunos con varios siglos de vida y un tamaño monumental, pero cuenta asimismo con formaciones intercaladas de pino resinero (Pinus pinaster) y rebollo (Quercus pyrenaica). Junto al arroyo, que lleva agua todo el año, vimos enormes alisos y también enebros, brezos, helechos, rosales silvestres, diversas especies de sauces y avellanos. Entre las aves forestales hay arrendajos, gavilanes, pico picapinos, petirrojos, mirlos, zorzales…

Como sucede en prácticamente todos los castañares ibéricos, se desconoce si el de El Tiemblo es autóctono, pero lo que está claro es que lleva muchos siglos en el mismo emplazamiento y actualmente constituye el mayor bosque de la especie en el Sistema Central, con una extensión de unas 200 hectáreas. Como recuerda un cartel informativo, la primera noticia escrita que se conserva relativa a este bosque data del siglo XV y es una sentencia que dicta que los vecinos de Cebreros no puede recoger castañas “bajo pena de celemín y medio si son uno o dos de la misma casa y con un celemín a cada uno si son más”.

Curiosamente, los árboles centenarios que quedan hoy en El Tiemblo son escasos, fácilmente distinguibles por sus gruesos troncos y su silueta más achaparrada. La mayoría de los ejemplares son rebrotes de cepa de viejos castaños que, en busca de leña, fueron talados durante la Guerra Civil española y los primeros años de la posguerra. Tienen por tanto menos de 80 años.

Uno de los grandes atractivos de este bosque de ensueño es que cuenta con un sendero circular de unos cuatro kilómetros y apto para todos los públicos -amplio, sin ninguna subida pronunciada y con el suelo liso- que permite en un par de horas hacerse una idea de sus valores naturales y conocer sus hitos más destacados. Hay también una variante de siete kilómetros que llega al merendero de Barrancas.

El sendero circular empieza en el área recreativa de El Regajo, donde se dejan los coches. Siguiendo las indicaciones, y siempre en ligero ascenso, se llega a la Fuente de los Cazueleros, sin agua en nuestra visita. Estamos ya rodeados de castaños esbeltos y el ambiente es sombrío. Más adelante hay una intersección para ir a ver el famoso Abuelo, que se encuentra junto al llamado Refugio de Majalavilla, una restaurada construcción tradicional que se emplea como aula de naturaleza.

El Abuelo, el inquilino más ilustre del castañar, tiene una edad estimada de entre 500 y 800 años y está claramente en la fase final de su vida, como muestra su tronco totalmente hueco que a duras penas se mantiene en pie. Sus dimensiones son impresionantes, con un perímetro de 12,50 metros (a 1,30 m) y una altura de 19 m., según consigna un cartel informativo. “Los viejos del lugar dicen que su tronco hueco es capaz de dar cobijo a todo un rebaño de cabras”, añade. Debido a la elevada frecuentación de visitantes, se ha tenido que poner una valla que evita la excesiva compactación del suelo. Junto al Abuelo hay también un gran pino resinero de tronco rectilíneo y varios tocones de castaños muertos de los cuales brotan nuevos ejemplares.

El sendero, siempre con los omnipresentes castaños, prosigue paralelo al arroyo de la Yedra, donde crece un poco alterado bosque de ribera. Allí vemos un curioso puente de madera que lleva a mano derecha hacia las Barrancas, la versión más larga del recorrido, donde se puede observar un hermoso robledal de rebollo.

Si se sigue a mano izquierda por el sendero principal se alcanza la explanada denominada las Praderas de Garrido y luego el paraje del Castañar del Resecadal, donde podemos apreciar varios ejemplares de gran tamaño. El camino prosigue hasta el punto de partida por un sendero más sinuoso y en ligera bajada.

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