El largo viaje de las camelias europeas

DESDE CHINA HASTA GALICIA EN DOS SIGLOS. Las camelias parecen haber sido hechas para crecer en Galicia y más concretamente en sus zonas litorales, un territorio con una elevada pluviometría, inviernos suaves y suelos fértiles y ácidos, condiciones ideales para que estas plantas leñosas de hoja perenne se desarrollen, florezcan en plenitud y adquieran dimensiones arbóreas. Basta con visitar algunos de los afamados pazos gallegos o simplemente algún jardín público para encontrar ejemplares de tronco recio y alturas superiores a los cinco metros. En ningún sitio estarían mejor. Sin embargo, la realidad es que las omnipresentes camelias no son autóctonas de Galicia, sino de Asia oriental, fundamentalmente del sur de China, y que no se popularizaron definitivamente en jardines y plazas hasta mediados del siglo XX. Y algo parecido puede decirse de la Bretaña, de Cornualles y de otras regiones europeas en las que se han convertido en un símbolo. La ruta y las fechas de la llegada de las primeras camelias a Europa, así como su posterior expansión y consolidación, están salpicadas de curiosidades.

Las camelias o Camellia son un género de plantas leñosas de la familia Theaceae y el orden Ericales compuesta por entre 150 y 300 especies, dependiendo de los estudios, más unos 3.000-5.000 híbridos, y cuya característica más vistosa es su floración invernal. Proceden de bosques en altitudes medias de Asia oriental, desde Japón hasta Indonesia y el Himalaya, con una especial densidad en las provincias chinas de Yunnan, Guangxi y Guangdong (Cantón).

Pese a la creencia popular, la mayor parte de las camelias no se cultivan por sus bellas flores. La especie más habitual, con grandes plantaciones en Asia oriental e India-Sri Lanka, es Camellia sinensis, o planta del té (en todas sus variantes), con cuyas hojas secas se elabora desde hace milenios la popular infusión. Pruebas arqueológicas muestran que ya era sembrada en China hace 5.000 años. También está muy extendida Camellia oleifera, muy cultivada sobre todo en China para obtener sus semillas, con las que se hacen aceites y cosméticos.

Como planta ornamental, la más difundida es Camellia japonica, famosa por su espectacular floración invernal. “De características similares se cultivan también, aunque con menor frecuencia, la especie japonesa Camellia sasanqua, de flores muy olorosas y floración otoñal, y la china Camellia reticulata, de flores tardías de gran tamaño. Las camelias de otras especies se cultivan solo ocasionalmente, si bien existe un interés creciente por ellas”, escribe Carmen Salinero, investigadora de la Estación Fitopatolóxica do Areeiro (Diputación de Pontevedra) y presidenta de la Sociedad Española de la Camelia.

La historia de la camelia en Europa comenzó a finales del siglo XVII y discurre indisolublemente unida a las expediciones británicas y holandesas que se realizaron en aquella época por Oriente en busca de rarezas botánicas, especias, tintes y todo tipo de materiales. Uno de los objetivos era precisamente obtener semillas de la planta del té, de la que ya se tenía constancia desde mucho tiempo atrás, para su hipotético cultivo en el Viejo Continente. Las camelias ornamentales se cultivaban en China desde al menos el siglo V.

El pionero fue el viajero y médico alemán Andreas Cleyer, que trabajó para la Compañía Holandesa de las Indias Orientales y visitó Japón, entre otros lugares. Cleyer publicó una serie completa de textos sobre la historia natural de la región entre 1682 y 1700 que incluyó la primera descripción occidental y la imagen de una camelia. La llamó con su nombre japonés, tsubaki.

Un paso adelante lo dio otro viajero, el cirujano y botánico inglés James Cunningham, que visitó China entre 1697 y 1699 y se trajo de regreso una rica colección de semillas y plantas disecadas entre las que se encontraban especímenes de Camellia japonica y C. sinensis, así como de C. fraterna, aunque esta última especie no se identificó hasta la década de 1950, según explican Charles Jarvis y Philip Oswald en un artículo publicado por la Royal Society de Londres en 2014. Con aquel tesoro botánico, su amigo el farmacéutico James Petiver fue el primero en describir pormenorizadamente y publicar una ilustración de una camelia en su Gazophylacii Naturae eJ Artis, en 1701. La llamó Thea chinensis.

Las primeras plantas de camelias vivas documentadas no se exhibieron en el Reino Unido hasta 1739, en los invernaderos de los jardines de Robert James, lord Petre, en Thorndon Hall (Essex). De estas plantas se conservan dos pinturas en las que se aprecia una flor roja y una flor blanca. Su jardinero James Gordon fue el primero en comercializar camelias a partir de unos viveros que estableció tras la muerte de James en 1743. En aquel tiempo solo se cultivaban en invernaderos porque se pensaba que sucumbirían a los inviernos europeos.

Una década después, en 1753, el botánico sueco Carlos Linneo (Carl Nilsson Linnæus), padre de la nomenclatura binomial de los seres vivos, fue el primero que utilizó el término camellia. Su decisión fue dejar el nombre de Thea para la camelia del té, tal como había propuesto pocos años antes el naturalista alemán Engelbert Kaempfer, que viajó por Japón y otros países de Oriente entre 1690 y 1692, y proponer un género nuevo, Camellia, para las variedades de flor ornamental. A partir de mediados del siglo XX, no obstante, volviÓ a ser considerado un solo género.

Si Linneo escogió el término camellia fue para honrar al jesuita y eminente botánico moravo Georg Joseph Kamel, conocido por su apellido en latín Camellus, que desde 1683 y hasta su muerte en 1706 vivió como misionero en las islas Marianas y las Filipinas. Kamel reunió un notable herbario de plantas filipinas, principalmente medicinales, además de descubrir para la ciencia los primates tarseros, pero no tuvo relación con las camelias ni con su introducción en Europa.

La planta se extendió rápidamente por las cortes reales y principescas de Europa. Las más antiguas todavía vivas son la que Jorge III mandó plantar en Pillnitz, Alemania, cerca de Dresde, y que fue traída desde Japón en 1779, y la que crece en el Palacio Real de Caserta, a 40 kilómetros de Nápoles, que parece ser de 1786. A principios del siglo XIX se descubrió que las camelias podían vivir a la intemperie en la costa atlántica y otras zonas de Europa, lo que favoreció su rápida difusión por Bélgica, los Países Bajos, Hampshire y Cornualles (Reino Unido), la Toscana y Nápoles (Italia), el norte de Portugal y Galicia, la Bretaña y Anjou (Francia), el valle del Rin en Alemania…

Como hemos visto, los ingleses fueron los primeros en documentar la llegada de las camelias a Europa, pero eso no significa que algún ejemplar no hubiera podido llegar mucho antes a Portugal y luego a Galicia, aunque sin continuidad. “Parece lógico pensar y así lo indican algunos indicios que [la camelia] pueda haber sido introducida en Europa por los misioneros y navegantes portugueses que ya habían explorado China y Japón en el siglo XVI (1516 y 1543) o por los navegantes españoles que habían establecido una ruta comercial con Oriente conocida como de la Ruta de las Naos de China o Galeones de Manila (1565 a 1821)”, prosiguen en un artículo Carmen Salinero y Pilar Vela, de la Estación Fitopatolóxica do Areeiro. No hay, sin embargo, ningún documento escrito de aquella época que pueda confirmar esta hipótesis, asumen las investigadoras.

Los ejemplares vivos más antiguos de camelia en Galicia y en el conjunto de España son de principios del siglo XIX y posiblemente llegaron desde unos viveros portugueses. Entre las plantas bicentenarias cabe destacar las que se encuentran en los pazos de Santa Cruz de Rivadulla, Oca y San Lorenzo, “documentadas en diferentes escritos de las familias”, recuerdan Salinero y Velas. En la década de 1840, la camelia estaba en su apogeo en Europa como la flor del lujo, siempre asociada a la aristocracia debido a su elevado precio, y se creaban numerosos viveros. La cortesana Marie Duplessis inspiró a Dumas en La Dama de las Camelias, que a su vez inspiró La Traviata de Verdi.

Las camelias ya están muy asentadas en la Galicia de la segunda mitad del siglo XIX, como muestra el hecho de que aparezcan en las obras de Emilia Pardón Bazán y otros escritores de la época. En el siglo XX, finalmente, se produjo la popularización de la camelia en todos los estratos sociales. “Vino de la India, la China y el Japón, pero se encontró a gusto entre nosotros y se convirtió en la flor insignia de Galicia”, resumió Camilo José Cela con motivo de las celebraciones del Año Compostelano de 1993.

Bibliografía online:
Carmen Salinero y Pilar Vela, La camelia, Diputación de Pontevedra, 2004.
Carmen Salinero, Pilar Vela y otros, Camelia, CSIC, 2016.
David Marsh, Camellias, Blog del Garden Trust, 2018.
Charles Jarvis & Philip Oswald, The collecting activities of James Cuninghame, Royal Society Publishing, 2015.

2 comentarios

  1. Muy interesante. Gracias

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  2. Gracias por el comentario, Mompin’s jardins. Visitar Galicia en febrero, cuando en otros sitios la vegetación languidece, es una gran experiencia. Las camelias están espectaculares.

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