‘Araucaria araucana’, un tesoro amenazado

Araucarias en Caviahue-Copahue, en la provincia argentina de Neuquén. Foto: neuquentur.gob.ar

EL EMBLEMÁTICO ÁRBOL SE ENCUENTRA EN PELIGRO DE EXTINCIÓN. La araucaria patagónica o pehuén, el árbol nacional de Chile, ha sobrevivido inmutable durante millones de años en un territorio de suelo volcánico y clima agreste, no apto para todas las plantas, pero unas pocas décadas de intensa actividad humana han bastado para cambiarlo todo. La industria de la madera, la recolección masiva de sus piñones, los incendios y, más recientemente, una enfermedad y el cambio climático se han aliado en su contra y ahora la emblemática especie se encuentra en peligro de extinción. La “alta sobre la tierra, dura y hermosa araucaria de los australes montes”, según la describió Pablo Neruda, es más vulnerable que nunca.

Localización de las especies vivas del género Araucaria. Foto: arbolesconhistoria.com

El pehuén, científicamente Araucaria araucana, es una de las 18 especies vivas de un género de coníferas que llegó a ser omnipresente en el Cretácico y el Jurásico, cuando las tierras emergidas del hemisferio sur constituían un único continente llamado Gondwana. De hecho, se cree que los bosques de araucarias aportaban parte sustancial de la dieta de los dinosaurios. Hoy, sin embargo, las diversas araucarias han quedado restringidas a territorios de poca extensión y alejados entre sí en América del sur y Oceanía

Distribución en Chile y Argentina de ‘Araucaria araucana’. Foto: arbolesconhistoria.com

Araucara araucana ocupa actualmente dos poblaciones en el cono sur americano. La principal se sitúa en el este de la región chilena de Araucanía, y en mucha menor medida en las de Biobío y Los Ríos, con una continuidad en la vertiente argentina de los Andes, en la provincia de Neuquén. Medra en altitudes que oscilan entre los 1.000 y los 1.700 metros. La segunda población, de tamaño muy reducido, crece también en Araucanía, pero en territorio occidental, en la llamada Cordillera de la Costa. El rango altitudinal va de 600 a 1.400 metros.

El territorio ocupado por la especie se encuentra en regresión y cada vez más fragmentado

En total, según datos oficiales, la especie ocupa unas 300.000 hectáreas en Chile (50.000 menos que hace tres décadas) y unas 150.000 en Argentina. Debido al tamaño reducido y discontinuo de los bosques, así como a su evolución negativa, en 2013 la araucaria patagónica fue catalogada “en peligro de extinción” dentro de la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

La especie se caracteriza por sus hojas sésiles, puntiagudas y coriáceas (y adaptadas a la nieve). Los ejemplares maduros -se cree que pueden vivir hasta 2.000 años- alcanzan una altura de 50 metros y suelen tener un tronco esbelto desprovisto de ramas y una copa muy alta (en los ejemplares jóvenes, en cambio, la silueta es piramidal y las ramas pueden colgar hasta tocar el suelo). Al igual que otras coníferas, produce conos, y cada uno de estos libera entre 120-200 piñones. Tiende a formar bosques puros o en combinación con hayas antárticas o ñires (Nothofagus antartica) y cohiues (N. dombey), entre otras especies.

La araucaria ha sido empleada desde antiguo por el pueblo mapuche-pehuenche tanto para alimentación (piñones de alto valor nutritivo) como para calefacción (leña) y construcción (madera muy apreciada por su durabilidad y su resistencia a los hongos), pero de una manera sostenible. Su resina también se usaba antaño con fines medicinales.

Sin embargo, la situación cambió a lo largo del siglo XX. En primer lugar, la explotación forestal para madera ocasionó tantas bajas que la Administración tuvo que prohibir tajantemente en 1976 la tala de araucarias. Además, los bosques han sufrido en las últimas décadas una presión extractiva muy elevada. El problema es que la recolección intensiva de los piñones (ya no son para autoconsumo, sino que ahora se pueden observar en restaurantes de Santiago), a lo que se suma el efecto depredador de la ganadería, frena la regeneración natural de la especie. Además, las temperaturas cada vez más elevadas inducen una brotación temprana de las hojas e incrementan el riesgo de daños por heladas.

La recolección masiva de piñones impide la regeneración de los bosques

“Creemos que la única manera de disminuir el avance hacia su franca desaparición es establecer la prohibición de la comercialización de su semilla (…). Estas semillas son la base de la regeneración de estos ecosistemas y de la variabilidad genética de sus poblaciones”, justifica Rubén Carrillo, investigador de la Universidad de La Frontera (Temuco) y uno de los grandes especialistas en araucaria. Una disposición legal exime de la prohibición a las comunidades mapuche-pehuenches, “dado que esta actividad de la recolección del piñón es tradicional en su cultura”.

Los incendios han causado además una pérdida irreparable de bosques. Las araucarias han vivido secularmente en contacto con el fuego debido al volcanismo de la zona y han desarrollado incluso una cierta capacidad para recolonizar territorios afectados por las llamas. Sin embargo, la mano del hombre y las nuevas condiciones climáticas han exacerbado la fuerza de los incendios hasta el punto de convertirlos en auténticas catástrofes.  “Como especie primitiva, el pehuén no tiene la capacidad de respuesta frente a drásticas alteraciones ambientales provocadas por el hombre, como sí la tienen las especies de angiospermas o plantas con flores (mas evolucionadas)”, prosigue Carrillo.

En el periodo 2001-2002, por ejemplo, 20.000 hectáreas de bosque nativo de araucaria se quemaron, incluyendo más del 50% de los árboles del Parque Nacional Tolhuaca y de la Reserva Nacional Malleco. En 2017, otro incendio arrasó medio millón de árboles en la reserva nacional de China Muerta.

Muestras de araucaria para analizar posibles patógenos. Foto: Facultad de Ciencias Ambientales, Universidad de Concepción.

Por si fuera poco, una rara enfermedad que produce defoliación y oscurecimiento de las ramas está afectando en los últimos años a gran parte de las poblaciones de araucaria (algunos análisis sugieren que hasta el 90% de los ejemplares, tanto silvestres como en jardines urbanos e incluso en viveros para repoblación). Al parecer se trata de un hongo, Phytophthor lateralis, al que anteriormente eran inmunes pero cuyos efectos se han desbocado por la falta de lluvias y las altas temperaturas, según los estudios dirigidos por el equipo de Álvaro Castro, biotecnólogo de la Universidad de California Davis en Chile.

El hongo ‘Phytophtor lateralis’ afecta a gran parte de los ejemplares. Debido a la sequía y las altas temperaturas, los árboles son ahora más sensibles a las enfermedades

“La mayor probabilidad es que estos árboles hayan sufrido algún tipo de estrés fisiológico y eso permite que el ataque de cualquier agente patógeno sea mucho más severo, fenómeno que en la fitopatología se denomina predisposición”, suscribe el investigador Eugenio Sanfuentes en un nota informativa de la Universidad de Concepción. Ahora (principios de 2019) se está analizando cuál es la mejor alternativa para combatirlo. Un programa coordinado por la Conaf (Gobierno chileno) lleva a cabo plantaciones experimentales para recuperar el terreno perdido.

Araucaria chilena en el Jardín Botánico de Kew, en Londres. Foto: arbolesconhistoria.com

UNA NUEVA JUVENTUD. Pese a las dificultades por las que atraviesa en su hábitat natural, la araucaria chilena se ha extendido como planta ornamental y ahora es una especie habitual y muy apreciada en los jardines europeos de países con climas templados y generalmente lluviosos, incluso en la fría Noruega. Es una triste constatación. El éxito es particularmente elevado en el Reino Unido, donde se introdujo por primera vez en 1795, y prueba de ello es esta vistosa web cuyo autor ha documentado un sinfín de ejemplares en jardines particulares. La campaña Global Trees recuerda también que la especie está representada en 162 colecciones botánicas ex situ de todo el mundo. En España, el pehuén es una araucaria muy poco común, menos habitual sin duda que A. heterophylla, originaria de la isla de Norfolk,  o incluso que A. bidwilli, procedente de la costa oriental de Australia. Está circunscrita al tercio norte. En cuanto a grandes ejemplares, solo tengo constancia de la araucaria que crece en el Castillo de Soutomaior, en Pontevedra, aunque he observado especímenes jóvenes en la misma provincia, así como en el Montseny (Gerona) y en Cantabria. También los hay en Gijón y en el Jardín Botánico de Iturraran (Guipúzcoa).

Bibliografía en internet

https://www.iucnredlist.org/species/31355/2805113https://www.explora.cl/blog/2019/01/24/como-salvar-a-las-araucarias
http://www.mma.gob.cl/clasificacionespecies/Anexo_tercer_proceso/plantas/Araucaria_araucana_FINAL.pdf
http://tepu.cl/publico/n4/5.%20Ambiente_4_Araucaria_Gutierrez_2016.pdf
http://www.forestal.udec.cl/cambio-climatico-estaria-relacionado-con-mortalidad-de-araucarias-en-cordillera-nahuelbuta

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