El despertar de Metasequoia

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Una de las metasecuoyas del Arnold Arboretum de Boston. Foto: arbolesconhistoria.com

HISTORIA DEL DESCUBRIMIENTO DE UN ‘FÓSIL VIVIENTE’. Sentado en el césped junto al edificio de recepción del Arnold Arboretum de la Universidad de Harvard, en Boston, observo una gran metasecuoya (Metasequoia glyptostroboides), un fósil viviente originario de China que se ha adaptado sin problemas al clima de Nueva Inglaterra. El árbol, que muestra un follaje verde intenso, es uno de los muchos herederos de una expedición científica organizada en 1947 para recolectar semillas en los bosques de la provincia de Hubei, su último reducto natural en la faz de la Tierra. La historia se había iniciado poco antes en Japón.

En 1941, meses antes antes del bombardeo de Pearl Harbor, el paleontólogo y botánico japonés Shigeru Miki  descubrió en los estantes de un museo en Osaka los restos fósiles de un extraño árbol que databa de principios del Pleistoceno. Por error, la pieza había sido clasificada hasta entonces como de secuoya, pero las diferencias sustanciales que Miki observó sugerían que se trataba de un género diferente. Tras un estudio pormenorizado, lo bautizó científicamente como Metasequoia. Con el paso del tiempo, hallazgos similares se repitieron en otros lugares del hemisferio norte, desde la costa oeste de los actuales Estados Unidos hasta Rusia, lo que confirmó que el nuevo género había sido antaño muy frecuente. Como sucedió con los dinosaurios, se pensaba que se había extinguido para siempre. No había ni rastro.

Hasta 1943 se pensaba que las metasecuoyas se habían extinguido hacía millones de años

Dos años después, sin embargo, el sorprendente hallazgo de un espécimen vivo en una aldea del interior de China demostró que los tiempos de Metasequoia aún no habían acabado. El investigador Jinshuang Ma, estadounidense de origen chino, durante años taxónomo del Jardín Botánico de Brooklyn, ha documentado la historia del descubrimiento en diversos trabajos publicados a partir de 2002. Durante más de medio siglo, el relato había silenciado a uno de sus protagonistas principales.

EL MISTERIOSO ÁRBOL. En julio de 1943, el especialista en botánica Wang Zhan (1910-2000) y un ayudante de la Oficina Nacional de Investigación Forestal se dirigían a la reserva forestal de Shennonjia, en la provincia de Hubei (centro-sur de China), cuando decidieron desviarse un poco para visitar Wan Xian y su escuela agrícola, cuyo director había sido compañero de Wang en la Universidad de Beijing (Pekín) durante los años 30. Éste les informó de la existencia de un árbol muy poco habitual que crecía 80 kilómetros al sudeste de Wanxian, en el pueblo de Modaoxi (actualmente transcrito como Moudao).

Así que, alterando sus planes originales, Wang decidió caminar durante tres días a través de las montañas hasta llegar a Modaoxi y localizar el misterioso árbol.  Los lugareños lo llamaban “shuisha”, abeto de agua, y habían construido un pequeño templo de adobe y azulejo en su base. Dos ejemplares más pequeños crecían a su lado. Allí recogió diversos materiales del árbol (ramas con hojas y 10 conos).

Wang pensó en un primer momento que podría tratarse del ciprés de los pantanos chino (Glyptostrobus pensilis), lo que ya era una novedad puesto que se pensaba que esa especie era exclusiva del sur del país, pero un análisis posterior más detallado vio notables diferencias, entre ellas la forma de los conos. Era sin dudas una especie nueva, sospechó Wang. Sin embargo, como explica Jinshuang Ma, la guerra impidió que el hallazgo trascendiera y recibiera un bautismo científico.

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Metasecuoyas en la región china de Hubei, en 2003. Foto: Jinshuang Ma

Dos años más tarde, Wang entregó a Zheng Wanjun (1904-1983), un dendrólogo de la Universidad Central Nacional, muestras de los especímenes para su identificación.  Sorprendido por el hallazgo,  Zheng envió a un estudiante graduado, Xue Jiru, para que recolectara más materiales del árbol en una estación del año diferente. Eso permitiría aseverar si realmente se trataba de una especie e incluso un género nuevo.

Como las muestras confirmaron las sospechas, Zheng decidió llevarlas –tanto las recogidas por Wang como las que trajo el estudiante Xue– a una autoridad nacional, Hu Xiansu (1894-1968), el director del Instituto de Biología Fan Memorial de Harvard en Beijing, formado en Harvard, quien finalmente resolvió el misterio del árbol desconocido al compararlo con la foto del ejemplar fósil procedente de Japón.

Wang Zhan, el auténtico descubridor, no aparece citado en las primeras descripciones científicas de la especie. Su nombre fue omitido

En 1948, Hu y Zheng describieron sus hallazgos en un artículo científico y propusieron para la especie el epíteto glyptostroboides debido a su parecido con Glyptostrobus pensilis. El documento no mencionaba en ningún momento a Wang. Su nombre también fue omitido en análisis posteriores.

Los protagonistas de la historia ya han fallecido, pero, según los estudios de Ma Jinshuang, la omisión se debió posiblemente a una cuestión de celos y prestigio científico. El investigador explica que Hu y Zheng eran académicos prominentes y bien establecidos que habían obtenido sus doctorados en el extranjero, mientras que Wang, más joven, procedía de una aldea remota de Manchuria y no había estudiado en el extranjero. Era en gran parte de formación autodidacta. Con los años, no obstante, Wang Zhan se convirtió en uno de los botánicos forestales más destacados de China, relata Ma. Como curiosidad, en 1979 fue uno de los primeros científicos que alertó de los peligros de deforestar la cuenca del río Yangtzé.

LA EXPANSIÓN. El descubrimiento de un “fósil viviente” como Metasecuoya cautivó al mundo, en gran parte por el prolijo tratamiento que le dispensó la prensa estadounidense. De hecho, el nombre popular que la especie recibe actualmente en inglés, dawn redwood (secuoya del amanecer), fue un invento periodístico de aquella época. En 1947, el prestigioso Arnold Arboretum de Boston financió una expedición para recolectar semillas del árbol original. Fue una de las últimas colaboraciones entre botánicos estadounidenses y locales antes de que la revolución cerrara durante 30 años las puertas al mundo occidental.

A partir de enero de 1948, “el germoplasma obtenido se redistribuyó rápidamente por otros jardines, arboretos y universidades de todo el mundo –relata la institución dependiente de la Universidad de Harvard–. Se puede asegurar que todas las colecciones de metasecuoyas plantadas hasta 1990 en cualquier otro lugar del mundo se remontan a estos lotes de semillas originales de 1948 y a su progenie”.

MUY ESCASA EN ESPAÑA. Como recuerda la FAO, la especie se introdujo a partir de entonces en más de 50 países de Asia, Africa, Europa y América. “Puede crecer a temperaturas bajo cero, incluso en invierno, en latitudes tan extremas como San Petersburgo, Copenhague y Alaska –subraya–: muy pocas especies son tan adaptables como para ser introducidas en tal variedad de zonas”. En España es aún muy escasa. Me constan dos ejemplares de gran tamaño en Guipúzcoa (Hernani, plantada en 1956) y Pontevedra (Pazo de Lourizán, plantada en 1951), así como dos más pequeñas en Madrid (Jardín Botánico) y en Cantabria (Jardín Botín en Puente San Miguel).

Aunque las metasecuoyas están presentes hoy en infinidad de jardines e incluso se ha planteado su utilización como árbol maderero debido a su rápido crecimiento, en su tierra de origen siguen siendo una especie de escasa distribución y en grave peligro  -en buena parte porque sus hábitats originales han sido transformados en arrozales-. La bibliografía cita un bosque primario de 5.000 ejemplares en Hubei y diversos grupos más pequeños de unos 30 individuos en la misma provincia china, pero poco más.

CLASIFICACIÓN. Actualmente, Metasequoya gliptostroboides se clasifica junto a Sequoia sempervirens (secuoya roja o de costa) y Sequoiadendron giganteum (secuoya gigante) en la subfamilia Sequoioideae de la familia Cupressaceae. Aunque es la única especie viva en su género, también hay tres especies fósiles reconocidas y otras cuatro más dudosas.

La característica más evidente para distinguirla de sus parientes californianos es que se trata de una conífera caducifolia, como Taxodium distichum (ciprés de los pantanos), con quien también comparte el aspecto general de las hojas, la hermosa tonalidad rojiza del follaje en otoño y la formación de contrafuertes en la base del tronco. Los árboles más maduros suelen presentar una forma cónica. Los conos son globosos y pequeños (entre 1,5 y 2,5 centímetros).

Metasequoia glyptostroboides puede superar fácilmente los 35 m. de altura. El mayor espécimen registrado es un ejemplar aislado en China, muerto por un rayo en 1951, que medía 50 m. de alto y tenía un perímetro de tronco de 6,9 m. a la altura del pecho, aunque se sabe por tocones de árboles muertos que pueden llegar hasta 8 m. La mayor metasecuoya actual citada por el portal monumentaltrees.com crece en Pensilvania y tiene un tronco de 5,79 m. (2018). Es también el resultado de una de las primeras semillas que se trajeron de China en 1948.


Bibliografía

https://www.jstor.org/stable/3647458?origin=crossref&seq=1#page_scan_tab_contents

https://core.ac.uk/download/pdf/70983625.pdf

https://www.arboretum.harvard.edu/notes-on-the-dawn-redwood/

https://www.conifers.org/cu/Metasequoia.php

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