El roble del Giol y la ermita de Santa Coloma Sasserra

DSC_0015VISITA AL GIGANTE DEL MOIANÈS. Situados en lo alto de un promontorio desde el que se divisa el variado paisaje agroforestal de Castellcir, el roble o roure del Giol, la masía aledaña que le da nombre y la iglesia románica de Santa Coloma Sasserra constituyen en su conjunto un paraje de una singular belleza. El roble fue uno de los primeros ejemplares incluidos, en 1987, en el entonces recién estrenado catálogo de árboles monumentales de Cataluña.

Cuenta la leyenda que, hacia 1231, San Antonio viajó desde Padua hasta Coimbra cabalgando en un caballo blanco con enormes alas de cisne -a toda prisa, puesto que su padre se encontraba en problemas- y que en la ermita de Santa Coloma Sasserra hizo un alto en el camino para descansar. El santo no es escogió un mal lugar, sin dudas. Como recuerda la Generalitat, a la sombra del árbol han comido y jugado muchas generaciones que acuden en los festejos que se organizan en honor de la santa. También se organiza en julio un aplec (reunión) sardanista.

Aunque Ramon Vinyeta, en Els arbres monumentals (1985, editorial Celblau), cita el árbol como la “alzina de Santa Coloma Sasserra”, se trata en realidad de un roble pubescente (Quercus pubescens), la especie dominante en esta zona de la comarca del Moianès, una quercínea caducifolia típica de la media montaña.

DSC_0022dsc_0046.jpgDSC_0001El árbol es un gigante que mide unos 20 metros de alto y tiene un perímetro de tronco de 4,55 metros a la altura del pecho (1,50 m), según mi medición en junio de 2018 junto a mi colega Ricard, por lo que se trata de uno de los mayores representantes de su especie en Cataluña. Sin embargo, lo más destacable es posiblemente su hermosa silueta regular, arquetípica para un roble aislado. Una valla de piedra rodea y realza al ejemplar.

La primera mención escrita de la iglesia de Santa Coloma data del siglo XI, aunque en siglos posteriores sufrió diversos y profundos cambios que perturbaron su esencia románica. La gran masía situada a su lado es posterior, posiblemente del siglo XVI. Aunque el árbol no es tan viejo, atendiendo al tamaño del tronco debe de tener unos tres siglos. Su salud es excelente.

Para llegar hasta él se toma la carretera que parte desde Castellterçol hacia Castellcir (B-1310) y luego en un cruce, en lugar de entrar en el pueblo, se sigue recto en dirección a Collsuspina. La carretera asfaltada se acaba una vez alcanzada la urbanización La Penyora y sigue una pista de tierra en buen estado durante unos cuatro kilómetros. Una rampa al final, a mano izquierda, permite llegar en coche prácticamente hasta el árbol. La vía es muy transitada por ciclistas y paseantes.

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