El almez y la herencia de la Valencia rural

entrada botànico valenciaUN EJEMPLAR QUE BUSCA EL CIELO EN EL BOTÁNICO. La entrada o vestíbulo del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia es hoy un moderno edificio dedicado a la investigación cuyo elemento más característico es un atrio circular por el que escala un veterano almez, Celtis australis. El árbol no sólo fue respetado durante la profunda transformación acometida en el jardín en los años noventa del pasado siglo, sino que se conservó como símbolo del primitivo paisaje rural valenciano, como explica el actual director del jardín, el profesor Antoni Aguilella, en un librito titulado Un oasis en la ciudad. “Este almez evoca un mundo hoy en vías de extinción, lleno de usos sostenibles de las plantas”.

almezvalencia2almezvalencia1Los almeces, lidoneros o latoneros rara vez constituyen bosques, sino que suelen acompañar a otros árboles en riberas de los ríos, márgenes de los caminos y en los aledaños de las casas. Antiguamente, además de alimentar a los pájaros con sus bayas, con su madera dura y a la vez ligera se fabricaban excelentes bastones, horcas para el campo, remos y mangos para herramientas, pero hoy en día la explotación silvícola es escasa. En Valencia solo quedan plantaciones de almeces con este fin en el valle de Ayora-Cofrentes, donde son conocidos como gayatoneros, según escribe el botánico Bernabé Moya. En el pueblo de Jarafuel hay una fábrica de artesanía que se puede visitar.  “Nuestra artesanía consiste en la fabricación de horcas y garrotes utilizando como materia prima la madera del almez, que tiene una gran dureza y flexibilidad (…). El arbusto o tocón de almez se cuida, guía y moldea para conseguir la forma adecuada al producto que se quiere fabricar”, destaca la web del ayuntamiento.

Resulta sorprendente este ocaso industrial teniendo en cuenta la segunda juventud que vive en muchas ciudades, donde los almeces se emplean con profusión como árbol de alineación en las calles debido a su elevada tolerancia a la contaminación y la sequía.

El almez de la entrada del botánico, que tiene unos 80 años, crece inclinado buscando la luz, pero se encuentra en perfecto estado. Su perímetro es de 2,40 metros, sensiblemente  inferior al de un congénere situado en el interior del jardín que llega a los 2,90 y que está incluido en el catálogo de árboles monumentales de la Generalitat valenciana. No he logrado dar con su edad, pero a buen seguro supera los dos siglos.

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